sábado, 14 de agosto de 2010

Ese qué se yo, viste.

Las mañanitas de sábado tienen ese qué se yo, viste...

Te levantás luego de un par de vueltas remolonas, te lavás la cara y los dientes, vas a la cocina, ponés la pava, cortás algunos panes, y los pones en el tostador. Sí señores: las mañanitas de sábado están hechas para tomar mate con tostadas con manteca y dulce.
Como la casa está en absoluto silencio, subís las escaleras, y volvés a tu habitación. Prendés la computadora, abrís el Facebook, y es como si al pobre le hubiera dado una especie de muerte cerebral. Conclusión: por las mañanitas de sábado no hay vida en esta red social.
Entonces, ponés música, pero bien bajita... no hay por qué interrumpir en el sueño del resto de la familia. Mientras tanto, seguís mateando. Te prendés un pucho, y te ponés a pensar. Ahhhh sí..... pensar. Esa actividad complicadamente simple o simplemente complicada. Esa actividad que tantos problemas trajo y trae en los sistemas. Esa actividad que muchas veces nos soluciona o nos caga la vida.
¿En qué te ponés a pensar?
En cosas... muchas cosas... Qué dije, que debería haber dicho, que no dije, ¿y ahora cómo sigo?, ¿y ahora qué hago? ¿le hablo? ¿no le hablo? ¿le mando? ¿no le mando? ¿qué me pongo? ¿cuál elijo? ¿me conviene? ¿estaré haciendo las cosas bien? ¿voy o no voy? ¿ser o no ser? ¿blanco o negro? ¿azúcar o edulcorante? ¿pienso, luego existo, o existo, luego pienso?
No sé... dudo.

Esa es la magia de las mañanitas de sábado.

1 comentario:

  1. Y las mañanitas del lunes? En qué habría que pensar para no suicidarse?

    ResponderEliminar