Los días de lluvia tienen magia propia para aquellos que los saben apreciar.
No es que la lluvia me encante, (prefiero un cielo celeste, aire primaveral, y el sol iluminando rincones) pero ella nos ofrece ciertas cosas particulares que son muy difíciles de igualar.
Los días de lluvia duermo absolutamente relajada. Los plics plics de la lluvia chocando contra las superficies se convierten en una especie de canción de cuna, y la fresca brisa me arropa de pies a cabeza.
Las noches de lluvia, y si ésta no despliega toda su furia, caminar por las calles se me hace totalmente placentero. Observo: el paisaje cambia. Abro mi mente y mi corazón a los más diversos pensamientos. Dejo volar mi imaginación, invento historias, y a veces también canto.
Los día de lluvia brindan esos momentos en los que uno debe aprender a encontrarse consigo mismo...

Yo hago lo mismo, pero antes corro la cama a un lugar donde no haya goteras. =)
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