martes, 3 de noviembre de 2009

Desde la tercera.

Que la compulsión a la repetición no se repita. Que no le juegue una mala pasada. Abrir los ojos, abrirlos grandes. Y no hablo de tamaño, sino de claras intenciones. Escudos, murallas. Auto-bloqueos, dos avances y tres retrocesos. Le duele, y es oscura por naturaleza... y la esperanza se convierte en un boomerang, que va y viene, va y viene, pero cada vez tarda más en volver.

Que las relaciones imbrincadas poco de natural tienen, que uno se constituye por la mirada del otro, que la interperla el lenguaje, y que es sujeto-sujetado por esa matriz de creaciones, que se hace, se rehace, y resurge como un espectro de diferentes tonalidades.Confusas confusiones. En el fondo tiene miedo, y su orgullo se maneja entre parámetros racionales que interceptan vínculos y respuestas no convencionales.

Déjate fluir le dije...

Desde la postura de la tercera persona yo la veo, me veo, los veo...

¿Qué ves?

Te aseguro que más de una cosa, y más de un pretexto con razones.

¿Cuáles?

Aún no lo sé..

Se abre y se cierra, y espía como persiana americana. Y si sale el sol su interior se ilumina, y sino se apaga, y permanece cerrada porque teme que al abrirse se empiece a quebrar.

¡Pero qué abstracta!

Te aseguro que no tanto... hay que conocerla bien, y no cualquiera lo logra.

¿Y ahora?

Dale la mano, y un cuarto de alma.

¿Te parece?

A estas alturas ella cree que está pidiendo mucho. Es que el conformismo de la cotidianeidad la fue modelando, y cuando las los finales de las historias que fue creando no resultaron como los había imaginado, se fue acostumbrando a pedir cada vez menos... cuando lo que pretende es mucho más.Ilusa...


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