Ellos están. No es necesario verlos tan seguido, ni mantenerlos al tanto de todo, pero ellos siempre están. Cada uno ocupa un espacio de mi vida, según su personalidad, gustos, e historias compartidas.
No tengo a montones, los cuento con los dedos, pero realmente valen más que un pilón de frivolidades encontradas.
Los valoro y los quiero a cada uno de una manera distinta, pero a todos con la misma polenta.
Ellos me quieren con mis aciertos y errores, y así yo también a ellos.
Ellos me dan palabras de aliento, o me dicen pelotudeces cuando más las necesito.
Ellos son un cable a tierra, o un escape a Groenlandia.
Ellos son mis amigos.
A todos ellos, muy pero muy feliz día.
miércoles, 20 de julio de 2011
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