jueves, 10 de junio de 2010

Grupos que podría crear en Facebook

- "A mi me cuesta prender la hornalla con el encendedor"
- "A mi también un chongo me dura menos que pila trucha",
- "A mi no me jode los que venden música en el tren con el equipo al hombro a menos que pasen cumbia",
- "Cuando leo los carteles en la calle o me dan folletos siempre descubro errores de gramática y/u ortografía".
- "De 5 veces que tomo e colectivo, 3, me paso de parada."
- "A mi me gusta sacar la cabeza por la ventana cuando viajo, hasta que me quedo sin aire".
- "Para comer un pomelo tardo media hora".
- "Yo también puse Venus codificado para encontrar algún pito o teta" (este grupo sin duda ya debe existir).
- "Yo también me comí a un enano, gordito, histérico y fulero. O a dos" :s (por suerte existe la frase "el pasado pisado" que nos salva de todo).
- "Cada vez que tomo Gancia, al otro día digo:`no tomo más!´".
- "Yo también me enamoré, lloré, pasó el tiempo y lo superé" (y más de una vez, lo que hace de mi historia amorosa una historia cíclicamente looser).
- "No tengo paciencia para hacer la cama, nunca me queda perfecta".
- "Yo también me despierto con la melena del Rey León".
- "A mi también me gustaría que entiendan que querer verlos no significa querer ponerse de novia".
- "Yo también odio mi voz cuando la escucho grabada".
-"Yo también tuve un cybernovio mexicano y lo conocí chateando en Starmedia".
- "Los del súper chino no me entienden cuando les digo que necesito un O.B"

Bueno, demasiadas pelotudeces juntas.
A no preocuparse, que sólo es el efecto estoytomandoentreycincoyseispastillitaspordíayyaveoduendesdetodosloscolores. O también podría llegar a ser el efecto meduelelacabezalapanzalastetaslagargantalacinturalaspiernaselpechoynadamásporsuerte.

La peste nos afecta a todos (algunas veces en la vida). Por ello, está conmigo de regreso, mi buen amigo el NEBULIZADOR.

jueves, 3 de junio de 2010

Tafito y yo

La que voy a contar a continuación es una de esas historias mínimas, efímeras, aparentemente sin importancia, pero que guardo en un rincón del corazón, aquel que está exclusivamente dedicado a mi amor hacia los caninos, más conocidos como perros.

"Tafito" es (y digo es, porque seguramente por allí anda) un perro un poco feito (pero hermoso al mismo tiempo), con el que me crucé (o él me cruzó a mi) un día del mes de Febrero en Tafí del Valle, cuando estaba por emprender la caminata hacia el Mirador de la Cruz junto a mi amiga Majo.
Como no podía ser de otra forma, me detuve a saludarlo y darle algunos mimos, y enseguida se hizo amigo, al ritmo de unos brincos simpaticones. Nos siguió hasta que ya el camino no estaba bueno para él (a decir verdad para nosotras tampoco, y mucho menos para mis pies y mis zapatillas endemoniadas), y dos horas después, cuando regresábamos, allí estaba en el mismo lugar, dispuesto a ser querido un poco más. Así fue que el can compartió con nosotras nuestro break de cervezas y charla con unos tucumanos en un kiosco céntrico, y no conforme con ello, una vez finalizado el momento de descanso y relax, decidió acompañarnos hasta el hostel, más precisamente, hasta la puerta de nuestra habitación.
Pasaron un par de horas, nos bañamos, acomodamos el kilombo mochilero, conocimos a nuestras compañeras de cuarto, me hice mierda al salir de la ducha, se hizo de noche, el hambre comenzó a aparecer, y decidimos ir a buscar a los muchachos del kiosco que nos habían prometido un asado. La sorpresa fue grande al abrir la puerta de la habitación: Tafito seguía allí, esperándome, y ni bien emprendimos la caminata, él también lo hizo, a modo de guardaespaldas nativo.
Cuando llegamos al kiosco, los muchachos dijeron que lo del asado se había pinchado, pero que podíamos comer unas pizzas en el restaurant de uno de ellos, así que un poco decepcionadas (sí, la pizza no iba a salirnos gratis) nos sentamos en una de las mesas de afuera, e hicimos nuestro pedido.
¿Y Tafito? Tafito seguía al lado mio, firme al pie del cañón. De hecho, estos muchachos comentaban que el perro había resultado un ganador, y que yo le daba más bola a él que a ellos (lógico!). Mi nuevo amigo se hizo merecedor de las dos porciones de pizza que sobraron, las que comió con muchísimas ganas, y agradeció el hecho con una de las miradas más nobles jamás vistas...

Fue triste tener que despedirme de él. Lo juro: tenía un tremendo nudo en la garganta.
Por eso lo recuerdo tanto. No sé, son cosas que me enternecen en demasía, y que no muchos las entienden.
Tafito & Pau